Esta mañana estuve leyendo kienyke, que se ha vuelto un pasquin, pero al que sucumbo porque soy sangrona y leí el articulo de una lesbiana gorda que se llama virgina mayer o meyer o yoquese.... contando una historia patética de alcohol y enlagune. Yo no soy nadie pa criticar eso, me he enlagunado algunas veces y me he escapado de amanecer tirada en un andén, pero ay! nunca lo haré público.
Pero el relato de esta doña, en el que inicialmente culpa a sus guarros amigos del grado de borrachera alcanzado y los acontecimientos posteriores, me recordó a otra señora y sus amigos.
la foto aparece en las paginas centrales de una revista de sociedad, esas donde salen las fotos de las bodas de la aristocracia y la farándula de nuestro estrecho platanal. la mujer está en el centro del grupo, y en su sonrisa se adivina la satisfacción, el orgullo de estar donde está, de la gente tan prestante que la acompaña, de su ropa, del lugar, de saber que esa foto que le están tomando va a salir en una revista de circulación nacional. Tal vez esa foto sea la culminación de una vida de duro trabajo, de adular y tolerar aduladores, de besar mejillas, estrechar manos, dejar pasar, ceder el paso o ganárselo a codazos.
Seguramente esperó la publicación de la revista para correr a comprarla y ver la foto, para corroborar que efectivamente, se ha ganado un lugar en el mundo.
Cuál sería su expresión? Se vio a ella misma, ubicada en el centro de sus distinguidas amistades, sonriente y satisfecha de su vida. pero lentamente, la sonrisa que refleja la sonrisa impresa del papel, se cierra y adquiere un rictus de rabia y desconcierto, mientras contempla impotente, el cilantro posado descaradamente sobre los caninos de lado izquierdo. Es de tal tamaño, que se distingue sin mayor dificultad en la parte superior de su dentadura. Imposible ignorarlo, ahí esta, ahí estaba, ahí estuvo durante toda la sesión de fotografía y así quedará para la posteridad.
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