En alguna parte lei la historia de un hombre que acudió
donde su vecino para que borrara un letrero que hablaba mal de su mujer. El
vecino al no ver la razón por la que tuviera que pintar su propia pared, dado
que la mujer de la que se hablaba no era la suya, se negó, a lo cual el hombre
decidió pintar la pared del vecino para borrar toda maledicencia de su esposa.
Pero el problema no se resolvió ahí, pues pocos días después apareció un
letrero de la misma naturaleza en la pared de otro vecino, quién también se
negó a pintarla, obligando al marido ofendido a pintar la pared en cuestión.
Pco después apareció un tercer letrero en otra pared y ocurrió lo mismo que con
las otras dos y luego otra y otra, de manera que el vecindario completo recibió
una renovación de fachadas por cortesía de un esposo preocupado por lo que dirían los demás. Al final de la historia,
recuerdo la reflexión acerca de la conveniencia de pintar paredes
en contraste con la simple tarea de ser un buen marido y cuidar mejor de la esposa.
El cuento vino a mi mente al ver el movimiento mediático
ocasionado por el comportamiento destemplado de un cantante albino que en un
concierto hizo unas referencias de bastante mal gusto sobre las monstruosas
casas de pique que se sabe que existen en Buenaventura. La indignación ha sido unánime
a tal punto que el artista ha perdido una importante parcela de negocios al ser
declarado persona non grata por la cancillería colombiana, de acuerdo con lo afirmado por un noticiero.
Igual indignación levantaron las palabras de un político
paisa cuando se le ocurrió comparar al departamento del Chocó con heces fecales,
en el sentido de que hacer inversión en el primero era tan útil como perfumar a
las segundas. La indignación llegó a tal nivel que el político se convirtió en
blanco de investigaciones, con tan mala suerte, que efectivamente, encontraron
sus propias heces mal tapadas.
Ante lo anterior yo simplemente me pregunto si acaso mi visión
de la realidad es diferente, que veo otra realidad mas allá de las
circunstancias que levantan la opinión indignada de la gente. Me preocupa que
sea yo la única que ve los elefantes atravesados mientras los demás se ocupan
de los ratones. Ambas expresiones, son tomadas por la gente como un
problema, en lugar de interpretarlas como el reflejo de circunstancias
infinitamente más graves que las expresiones irrespetuosas de gente ignorante.
En el caso del Chocó, me asombró que la mirada de la
sociedad se detuviera en un personaje mediocre y montaraz, en lugar de
reflexionar en el trasfondo de su expresión; durante siglos, el chocó es
una región que ha padecido la explotación, la corrupción y el olvido de una
clase política que ha hecho bien poco por llevar bienestar y desarrollo a sus
poblaciones, y en cambio mucho por sus mezquinos intereses. La misma emoción me
provoca el paredón que se le ha armado a este pobre artista venido a menos: en
lugar de preguntarle al gobierno local, departamental y nacional qué se está
haciendo en Buenaventura para neutralizar las casas de pique, de las que la
misma comunidad tiene conocimiento de su ubicación, nos sentimos satisfechos
porque la cancillería en un gesto gallardo le ha cerrado al artista las puertas de la
patria.
Nuestra sociedad es ese hombre impotente y desubicado, que
corre a pintar paredes en lugar de fijarse en lo que está pasando en su casa. Nos
levantamos movidos por un sentimiento superficial de dignidad, más pendientes
de lo que se dice de nosotros que de lo que hacemos, mientras la delincuencia
y la corrupción se ríe de nosotros al tiempo que alienta nuestra furia
vociferante, ciega y sin sentido.
2 comentarios:
Tal cual, Ximena. Bien dicho! Excelente tu blog y ya quiero leer más tu punto de vista sobre las "realidades" de nuestro país. Great Job!
Tal cual...
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