El silencio arropó sus pensamientos hasta escuchar el saludo de los pájaros a la madrugada. La mañana se abría paso nuevamente, iluminando el cuarto con una gama de azules, desde la opacidad metálica de la madrugada hasta el azul del cielo veraniego. La noche anterior se había desnudado con parsimonia y tendido en la cama con el cuerpo abandonado por toda voluntad y la quietud del que ha encontrado su punto de llegada.
Al llegar el día, las primeras luces tocaron el techo del cuarto y como un telón inverso, descubrieron gradualmente el escenario de una obra sin espectadores; la pared, soportaba una decoración bohemia compuesta de afiches de películas clásicas; la cómoda de madera sobre la que reposan fotos sin marco de la mujer paseando en bicicleta en una playa; recuerdos de viajes: conchas de mar, un frasquito de arena. En el suelo, los restos similares a una batalla campal donde en lugar de cadáveres, los zapatos caídos unos sobre otros evidenciaban el tortuoso proceso de selección que había tenido lugar sólo unas horas antes. Más cerca de la cama, el vestido de gala que había lucido esa noche para recibir el reconocimiento “Ejecutiva del Año”.
- Duro, ¿No?
La voz lo sacó de sus propias divagaciones y luego de mirar la expresión de su compañero, el funcionario miró hacia la cama. El cuerpo yacía en una posición que sugería completa relajación y la expresión del rostro hacía creer que la muchacha estaba embelesada contemplando el árbol junto a su ventana, en una paz que contrastaba con el resto de la escena. Siguió mirándola hasta después de que unas manos de látex blanco cubrieran el rostro con la misma sábana que tapaba el resto del cuerpo.
Los hombres contemplaron el paisaje afuera. Era una mañana esplendorosa.
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