lunes, 4 de octubre de 2010

que hacer con ellos?

El planteamiento de integrar a desmovilizados de uno y otro bando a las fuerzas regulares de la milicia para su empleo dentro del país o exportarlo a territorios que lo requieran, podría ser más práctico que pesimista: así como habrá muchos hombres que se desmovilizan siguiendo el anhelo de tener una vida tranquila, no se puede descartar que haya otros que lo único que saben hacer es usar las armas. La prueba está en las bandas de atracadores, oficinas de cobro, sicariato y otros inventos que ofrecen oficio e ingresos a los desmovilizados que no saben, ni les interesa, hacer algo diferente. Existen. Es cierto y lo comprobamos todos los días personalmente o en los medios de comunicación, lo que le otorga el mérito a la autora, pues lo encara desde la realidad que vivimos, tal como es, no desde el ideal que soñamos. Yo también sueño con una sociedad libre, donde todos podamos hacer lo que se nos venga en gana siempre y cuando no dañe a los demás y sea el debate el escenario donde se encuentren las voluntades, pero el aquí y el ahora que enfrenta Colombia está lejos de eso. Adicionalmente, Leonor tiene la valentía de lanzar una propuesta que para muchos es urticante, pero que a mi juicio es coherente con la ley de gravedad. Si tan chévere encuentran el oficio de la guerra, pues que se metan en una fuerza regular, a entrenar, a madrugar, sin gabelas.


En la otra cara de la moneda están los efectos nefastos de los ejércitos foráneos en otros países; todavía no se olvidan menciona los horrores cometidos por soldados gringos a prisioneros musulmanes; y aunque sea muy poca divulgación existente sobre la, siempre negada por la ONU, violencia sexual ejercida por cascos azules en las regiones a donde llega a imponer su orden salvador, existen estudios que lo comprueban y lo denuncian: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article261.

No me imagino las bellezas que perpetraría un contingente de soldados integrado por exparacos y exguerrillos, o mejor dicho, los que queden después del predecible intercambio de cuentas.

No puedo entonces ubicarme al lado de ninguna de las posiciones porque cada una me parece una propuesta incompleta. Por un lado está el problema de donde acomodar a los desmovilizados, otra es esperar que se iluminen sus espíritus. Pero qué bueno que en el panorama se levantaran ambos planteamientos, qué se yo, como un sol doble a ver hasta dónde llega su luz y crear una respuesta integral a dos preocupaciones que pesan igual. Una que le señalara al gobierno de turno que una cosa es encontrar orden para este caos histórico que la providencia nos ha endilgado; otra es esconder la mugre debajo de la alfombra.

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